
La maternidad es un deseo profundamente personal que muchas mujeres comparten, pero la presión social hacia ellas para convertirse en madres puede hacer que la lucha con la fertilidad se vuelva aún más dolorosa. Culturalmente, se atribuye el rol de madre como una parte fundamental de la identidad femenina, generando expectativas que pueden resultar abrumadoras. Esta presión no es tan fuerte en el caso de los hombres, que no suelen enfrentarse al mismo nivel de expectativas para convertirse en padres.
Según datos de la Sociedad Española de Fertilidad, alrededor del 15% de las parejas en edad reproductiva experimentan dificultades para concebir en España. Esta cifra se refleja en otras partes de Europa, donde el promedio es del 10 al 15%.
Me gustaría presentarte el caso de una mujer que acudió a mi consulta por este tema, las implicaciones psicológicas que enfrentó y el camino que encontró hacia la claridad y la aceptación.
Marta, una mujer frustrada por no conseguir quedar embarazada
En mi consulta, recibí a Marta (nombre ficticio), una mujer de 35 años que llevaba varios años intentando concebir. La frustración de no lograr un embarazo comenzó a afectar todas las áreas de su vida, generando sentimientos de culpa, tristeza y ansiedad. Marta se había sumergido en la idea de que la maternidad debía ser su próximo paso en la vida, y la presión que sentía desde su entorno social y familiar solo incrementaba su estrés.
Marta no solo enfrentaba la presión social, sino también la presión interna que se había autoimpuesto. Sus dificultades para ser madre impactaron significativamente en su autoestima y desencadenaron conflictos en su relación de pareja. Además, se aislaba para evitar preguntas incómodas y comentarios insensibles. Su lucha personal por concebir había llevado a Marta a perder el contacto con sus propios valores e intereses. Se notaba tremendamente ansiosa y había sido diagnosticada de depresión por su médico. Le había recetado un ansiolítico, pero ella se declaraba “antifármacos” y le asustaba solo la posibilidad de tener que tomarlos.
En nuestro trabajo juntos, nos enfocamos en clarificar los valores personales de Marta y su significado para ella. A través de ejercicios de Mindfulness y reflexión guiada:
- Identificamos sus aspiraciones más profundas en relación con la maternidad, ayudándola a redefinir su concepto de familia y maternidad.
- Comprendió que su valor central no era únicamente ser madre biológica, sino nutrir y cuidar, y descubrió que podía canalizar este valor de maneras que aún no había considerado.

¿Cómo Marta se comprometió con la acción valiosa?
Con esta nueva claridad, Marta comenzó a tomar decisiones que alineaban con sus valores, disminuyendo la autoimpuesta presión de ser madre biológica. Exploró opciones de adopción y se involucró en un voluntariado para niños en situación de vulnerabilidad. Aunque seguía intentando concebir, había transformado su enfoque hacia una vida plena, comprometida con su propósito de cuidado.
La dificultad de ser madre puede tener un impacto psicológico significativo, pero al clarificar los valores personales, las mujeres pueden encontrar nuevas formas de seguir avanzando en un camino que les resulte satisfactorio y significativo.
Para obtener más información sobre cómo trabajar en estos valores y comprometerte con ellos, puedes visitar mi web aceptACTion.com
