Comenzando un nuevo rumbo

Paco Marquez en los patios de cordoba

Bienvenida/o a mi blog.

Siempre que marcho de viaje me pongo tenso. Repaso una y otra vez las cosas que tengo que llevar y que no quiero olvidar: el cargador, el desodorante, mi libro, las zapatillas…Es un momento, el de justo antes de salir, en el que si me hablas soy capaz de morder. Así soy yo. No me gusta nada esa faceta mía. Es una mezcla de ilusión y de preocupación. Un deseo de pasarlo bien y de descubrir y al mismo tiempo una preocupación por no dejarme nada importante y que lo que dejo, mi casa, lo deje «bien»: persianas, enchufes, puerta…

Hasta que no me siento en el coche y tomo el volante no me relajo. La suerte está echada. Ya solo tengo un camino por delante y no vuelvo a hacer más repasos. Así soy. No me regodeo en el pasado, pero hasta que llego ahí…, ¡madre mía! Me pongo inaguantable. Y a partir de ahí, intento recordarme a lo Cavafis:

Mantén siempre a Ítaca en tu mente.

Llegar allí es tu destino.

Pero no tengas la más mínima prisa en tu viaje.

Es mejor que dure muchos años

y que viejo al fin arribes a la isla,

rico por todas las ganancias de tu viaje,

sin esperar que Ítaca te va a ofrecer riquezas.